El ejemplo de Pablo.

Hace tiempo, conocí a un joven que se llamaba PABLO, su historia fue un permanente ir y venir de situaciones complejas, tuvo una vida que lo llevó por derroteros difíciles, incluso estuvo preso; sufrió la adicción a las drogas e incluso enfermó de SIDA, pero pese a todo ello y aún así tenía un sueño.

Durante un tiempo se había dedicado a aprender artes marciales chinas,  y dentro de ellas, conoció a un maestro que enseñaba el estilo de la escuela  del Templo Shaolin.

Su fervor por aprender hizo que pese a sus dificultades, tanto físicas como económicas y sociales, nada le impidiese estudiar aquella disciplina.

Esta le ayudó a cambiar su perspectiva de la vida y su lucha, le mostró un camino.

En su ciudad, consiguió que le cediesen una vieja  y derruida casona y allí se asentó con su familia.

Con sus propias manos fue reconstruyendo aquel lugar,  paso a paso siendo su meta crear allí un espacio donde enseñar el arte marcial y donde poder ayudar a todos los jóvenes que como él tuvieran problemas.

Luchó por sacar de la calle y la droga a muchos, no solo aconsejándolos, sino también enseñando los valores morales del arte marcial chino, no solo con palabras, sino con hechos pues él mismo seguía aquellos conceptos aplicándolos a su vida.

Así fue que como siempre ocurre, las buenas causas son combatidas por todos aquellos que se ven afectados y por sus experiencias de vida, este joven, se había vuelto molesto para ciertos representantes de la autoridad local y para aquellos que vivían aprovechándose de de las dificultades de los jóvenes vendiéndoles droga.

Tuvo muchos alumnos, a algunos no les cobraba las clases pues conocía sus dificultades económicas y su procedencia humilde; otros lograron encontrar allí un refugio donde escapar de las duras realidades de una vida de carencias y situaciones desesperadas.

Cuando lo conocí, su enfermedad había hecho mucha mella en su salud y le costaba respirar pues tenía los pulmones afectados.

Conversábamos mucho sobre sus proyectos, sobre las artes marciales y lo beneficiosa que pueden ser cuando son enseñadas como un camino de superación.

Entrenamos juntos, y notaba como sufría al quedarse sin aire para respirar y aún así no quería dejar de ejercitar.

Me contó sus problemas y como era combatido debido a sus objetivos de ayudar.

Pablo murió por causa de su enfermedad hace ya varios años.

Cuando me veo en situaciones difíciles o me pregunto sobre el camino que decidí tomar respecto a las artes marciales; cuando creo que no hay horizonte pues en mi entorno no hay más que la búsqueda de la rápida satisfacción y superficialidad; recuerdo a Pablo y su lucha, recuerdo su entereza no solo para afrontar su propia enfermedad sin también para enfrentar a todos aquellos que intentasen dañar a aquellos jóvenes que en su escuela, habían conseguido salir de una vida desaliñada y sin rumbo.

Uno en la vida, si sabe ver, encuentra a muchos Maestros. Pablo fue un Maestro para mí…

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