VOCACIÓN
Nadie podrá negar que el taijiquan, ya es una actividad que logró penetrar en nuestra sociedad en función de sus beneficios para la salud; ampliamente demostrado está que esta disciplina posee cualidades que incluso, superan a otros métodos terapéuticos.
Si consideramos esto, debemos pensar entonces que su difusión debe realizarse en todos los planos posibles y mucho más en aquellos en que la salud, por causa de los años y el desgaste de la vida, son más necesarios.
Desde hace mucho tiempo estoy trabajando con gente mayor, aquejadas de un sin fin de dificultades físicas, de mayor o menor grado, pero en general, todos necesitan de un trabajo que les permita obtener una mejor calidad de vida.
Cuando los profesores entramos a trabajar con este núcleo de gente, nos vemos ante muchas disyuntivas completamente comprensibles: las circunstancias de sus vidas; los hábitos y costumbres; la estructuración cerrada a partir de una formación que tal vez no les ha permitido conocer otros modos y otras formas de ver las cosas; la enorme carga emocional que produce no solo el paso de los años, sino también, la cantidad de experiencias vividas y las consiguientes frustraciones que suele provocar estas.
Todos ellos llevan en sí, y mucho más cuando provienen de otros modos culturales muy diferentes a los actuales, una enorme carga que no han sabido liberar y que como un lastre arrastran a lo largo de los años.
Sabemos que, según la Medicina Tradicional China, las emociones juegan un papel fundamental en lo que refiere a la salud, siendo factor primordial a la hora de evaluar cuando observamos problemas físicos.
En las clases con gente mayor, esto se hace muy patente. Pasado cierto tiempo y cuando se han roto las barreras de la desconfianza que existe en ellos, suelen tomarnos como algo especial, un aire fresco, y en ocasiones incluso, como una tabla de salvación.
Así es como nuestras clases al final, derivan en otra cosa, o por lo menos muy diferente de la dirección que en general se toma cuando el público viene a trabajar porque le gusta la actividad o incluso es porque lo evalúan como un buen “pasatiempo”.
Volviendo a la gente mayor, allí toda nuestra estructura de clases cambia, hay que amoldarse y quitar esto o lo otro porque sabemos que no es posible el involucrar a estas personas en ello pues su condición no lo permitirá nunca.
Entonces ocurre que muchos profesores, terminan cambiando su actividad y dejan de trabajar con el taijiquan para simplemente, desarrollar una clase de gimnasia muy elemental.
Se crea una situación que para aquellos que no sienten esto como una vocación, suele terminar abandonando a los grupos o simplemente sintiendo que no podrá con semejante trabajo.
Es cierto que el taijiquan es una disciplina compleja y que requiere de un enorme esfuerzo no solo el enseñarla sino también el entrenar sus técnicas. Esto es mucho más complejo cuando el que recibe la enseñanza carece de muchas posibilidades físicas y mentales.
Así se despierta la tentación por cambiar y dejar a un lado el taijquan para volcarse hacia otras técnicas, me permito decir que esto es un GRAVE ERROR…
Aquel que se considera en primer lugar un verdadero practicante de taijiquan, y por otro lado posee la vocación por la enseñanza, debe buscar todos los modos posibles de hacer llegar a esta gente la actividad; el taijiquan en sí ya es muy dúctil y posee las cualidades de flexibilidad suficientes como para permitir trabajar con el.
Se debe buscar la metodología que permita acceder a la gente mayor a su entrenamiento, ellos tienen el derecho a disfrutar de los beneficios.
Debemos dejar de lado las perspectivas normales de actuación, sin esperar grandes logros; pero sí debemos conseguir que siquiera una pequeña porción de esta disciplina sea conseguida; con ello habremos abierto la puerta a toda esta gente a un mundo en el que quizás no comprendan en su totalidad el enorme abanico de caminos que el taijiquan ofrece; pero habremos
conseguido en principio, hacer del taijiquan lo que su naturaleza es, la búsqueda del equilibrio; y por otro lado iniciar un movimiento que permitirá a nuestros mayores ir lentamente recibiendo un caudal de energía y felicidad que seguramente no hallarán con una simple clase de gimnasia por buena que esta sea.
Convoco desde aquí a todos aquellos que tienen en sí la fortuna de haber conocido esta disciplina y estar sumergido en ella, que no pierda el ánimo y la voluntad cuando trabaje con gente mayor; ellos pueden perfectamente entender de que se trata si se les es explicado el trabajo, se necesitará más esfuerzo, pero pueden, por lo tanto valdrá la pena el esfuerzo y aseguro que la satisfacción que produce es mucho mayor y gratificante para nuestro corazón. ¿Seremos capaces de no apreciar esto?…


































