La Historia de Jian Huo Lo

Jian Huo Lo nació en el seno de una familia campesina en los albores del siglo veinte. En aquellos convulsionados tiempos, ninguna población por más pequeña que sea, estaba a salvo de las circunstancias políticas y sociales de la época.

La Revolución de los Boxers, la caída del Imperio, la implantación de la República, la Invasión Japonesa.

En aquellos tiempos revueltos las familias pobres no eran más que hojas al viento y estaban sometidas a las circunstancias cambiantes.

Por entonces y porque no siempre la realidad era tan cruenta, había momentos felices, generalmente cuando grupos de familias, en muchas ocasiones desterradas de sus propias aldeas y dueñas de alguna capacidad artística, solían ir de lugar en lugar haciendo exhibición de sus habilidades.

Así es como Jian Hou Lo descubrió el wushu y cayo bajo su encanto convirtiéndose en la meta de su vida.

Un grupo de estos personajes hizo una demostración de artes marciales en un día en que en su aldea se hizo una fiesta.

El grupo se componía de un hombre mayor quien dirigía las acciones, una joven de mediana edad (seguramente su hija) y otra niña pequeña.

Hacían una exposición de sus habilidades con un arte indescriptible.

El niño Jian Huo Lo fascinado por lo que veía sintió que su vida se había transformado y decidió seguir a esa gente.

Hablando de esto a su padre y viendo éste el entusiasmo de su hijo por aquello, miró a su alrededor la pobreza en la que vivían, y creyó en la posibilidad de que su hijo encontrase en aquello un camino en el que desarrollarse, por lo tanto no se opuso y hablo con aquel anciano para solicitarle que aceptase a su hijo como ayudante.

El anciano no dudo pues en aquellos tiempos, un joven fuerte podría servir al mantenimiento del grupo cuando las cosas no anduviesen bien, además por entonces dos mujeres viajando solas con un hombre ya mayor por caminos llenos de peligros, hacían pensar al anciano que una mano más no era de despreciar.

Así fue que por necesidad de uno y de otro, el joven Jian Huo Lo marchó de su aldea siguiendo a aquel grupo de personas.

Pasaron los años y el jovencito Jian Huo Lo se convirtió en un joven fuerte y había sabido demostrar una habilidad increíble en la técnica del wushu.

En cierta ocasión, visitando un pequeño pueblo, se dispusieron a realizar su número.

La exhibición fue maravillosa, pusieron todo de sí como lo hacían siempre.

Pero en aquel pueblo existía un hombre llamado An Fei Yu, conocido en la zona por ser un afamado artista marcial, incluso había abierto allí su escuela.

Enterado de la exhibición y el éxito que había producido entre la gente, se hizo presente junto con un grupo de sus alumnos.

Su presencia hizo que la gente se abriera paso. An Fei Yu interrumpió la exhibición gritando

– Detened ya esta demostración, ¿con qué derecho se exhiben aquí?-

El anciano se acerco al hombre y en tono humilde le pidió disculpas

– Maestro; estamos simplemente haciendo nuestro número y ganar algo de dinero para víveres, luego nos marcharemos-

La cara de aquel hombre se encendió y sus ojos se llenaron de ira, alzó su poderoso brazo y lanzó un golpe devastador hacia la cabeza del anciano.

El viejo con un movimiento sutil, se hizo a un lado y golpeo con la punta de su dedo índice el costado del antebrazo de aquel hombre.

El agresor cayó al suelo de rodillas, tomándose el brazo y aullando de dolor sujetándose el codo.

Sus acompañantes al ver caído a su jefe, se adelantaron para agredir al anciano por lo que había hecho.

El joven Huo se interpuso y detuvo uno a uno utilizando con excelente maestría sus técnicas marciales.

Viendo la habilidad del joven, a la de aquel anciano que había derrotado a su líder con un pequeño toque, los restantes hombres decidieron huir.

En ese momento, ya estaban allí la policía que había oído el escándalo; se abrieron paso entre la multitud y empujando a la gente llegaron ante el viejo y el hombre aquel que seguía aullando de dolor, inquirió entonces el policía al anciano.

-¡Que ocurre aquí!-

El anciano con una sonrisa en los labios, tomó el brazo de aquel hombre y mediante otro toque simple en punto debajo del brazo hizo que el dolor cesara inmediatamente.

Cuando el jefe de policía disponía a llevarse al anciano, el agresor abatido lo detuvo y le pidió con tono amable.

-Por favor, dejad que se vaya – y mirando al anciano se postró ante él

-Maestro, por favor perdóneme, desde hoy estoy a su disposición, por favor instrúyame-

El anciano le dio unas palmaditas en la espalda y le dijo

- Hijo mío, la ira y búsqueda de la fama, están reñidas con la ética del Wu, solo la humildad y la perseverancia en el entrenamiento da la maestría-

Con estas palabras el anciano y sus acompañantes tomaron sus cosas y marcharon de aquel pueblo.

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