Desde el día 25 de agosto hasta el día 30 de ese mes visité por primera vez la filial Lidawuguan en la República de Chile dirigida por la profesora Hortensia Paola Cabrera Maldonado, quien desde hace más de un año asumió la representación de nuestra escuela con la responsabilidad de llevar adelante no solamente el programa de estudios sino también su espíritu y filosofía de trabajo.
La primera impresión respecto al grupo de gente que la conforma, fue de una enorme sorpresa para mí ya que hacía mucho tiempo no veía gente tan entregada al entrenamiento, tan motivada por aprender y tan llena de ganas por alcanzar un objetivo para llevar esta escuela apoyando a su directora y sus avanzados sin excepciones.
No se arredraron en lo más mínimo ante la dureza y exigencia que le imprimí durante estos días, fueron horas intensas de trabajo donde no hubo el más mínimo momento de flaqueza; por el contrario, siempre solicitaron más trabajo con un ánimo envidiable.
Para suma de mi satisfacción, no tuvieron reparos a la hora de preguntar sobre detalles técnicos o razones por el cual nuestra escuela se orienta hacia una dirección y no hacia otra, etc.
La mano firme de su directora Hortensia y la incondicional colaboración que recibe de sus alumnos más avanzados me hace pensar que esta filial tiene un futuro prominente en el medio marcial chileno.
Estoy totalmente seguro que con el tiempo, llegarán a alcanzar las metas establecidas para convertirse en, sino la mejor, una de las mejores escuelas de wushu en ese maravilloso país.
Pero además me gustaría destacar otro aspecto de esta visita y es la del trato que recibí durante estos cinco días.
Hacía muchísimo tiempo que no era tratado de una manera tan familiar y afectuosa; tan abierta y honesta demostrándome la enorme calidad y calidez del pueblo chileno.
Como me gusta observar las actitudes de las personas, un rasgo que mi vocación profesional motiva; pude ver que esa generosidad, ese cariño y esa calidez, no fue solo la atención que se le profesa al visitante, al amigo que viene de lejos; por el contrario, con admirable satisfacción noté que en realidad ese modo de ser es parte de su idiosincrasia, y sin negar la posibilidad de actitudes diferentes que pudieran existir en aquella sociedad como ocurre en todas, creo que el carácter gentil y sincero es el que prima en su naturaleza.
Por lo tanto, el balance que queda de este viaje no solamente es altamente positivo en cuanto al planteamiento de objetivos, sino también estoy seguro que Lidawuguan filial Chile será la más destacada y prometedora.
Es innegable que la vida es un camino circular, volvemos al mismo punto del que partimos y de allí, comenzamos de nuevo.
En ese camino, nos cruzamos con otros caminos circulares y así cerramos estos círculos y abrimos otros.
Una mirada serena y un andar apacible es necesario para que esos caminos no se vuelvan tediosos y nos carguen de angustia el andar.
La mente abierta, sin condiciones, al fin, de un modo u otro, la senda nos dará la oportunidad de resarcirnos o de comprender aquello que nos estaba vedado.
Así creo es nuestra vida, percibamos las señales y no nos quedemos en las cosas superficiales; miremos en el fondo pues allí esta la verdad.
Hace tiempo, conocí a un joven que se llamaba PABLO, su historia fue un permanente ir y venir de situaciones complejas, tuvo una vida que lo llevó por derroteros difíciles, incluso estuvo preso; sufrió la adicción a las drogas e incluso enfermó de SIDA, pero pese a todo ello y aún así tenía un sueño.
Durante un tiempo se había dedicado a aprender artes marciales chinas, y dentro de ellas, conoció a un maestro que enseñaba el estilo de la escuela del Templo Shaolin.
Su fervor por aprender hizo que pese a sus dificultades, tanto físicas como económicas y sociales, nada le impidiese estudiar aquella disciplina.
Esta le ayudó a cambiar su perspectiva de la vida y su lucha, le mostró un camino.
En su ciudad, consiguió que le cediesen una vieja y derruida casona y allí se asentó con su familia.
Con sus propias manos fue reconstruyendo aquel lugar, paso a paso siendo su meta crear allí un espacio donde enseñar el arte marcial y donde poder ayudar a todos los jóvenes que como él tuvieran problemas.
Luchó por sacar de la calle y la droga a muchos, no solo aconsejándolos, sino también enseñando los valores morales del arte marcial chino, no solo con palabras, sino con hechos pues él mismo seguía aquellos conceptos aplicándolos a su vida.
Así fue que como siempre ocurre, las buenas causas son combatidas por todos aquellos que se ven afectados y por sus experiencias de vida, este joven, se había vuelto molesto para ciertos representantes de la autoridad local y para aquellos que vivían aprovechándose de de las dificultades de los jóvenes vendiéndoles droga.
Tuvo muchos alumnos, a algunos no les cobraba las clases pues conocía sus dificultades económicas y su procedencia humilde; otros lograron encontrar allí un refugio donde escapar de las duras realidades de una vida de carencias y situaciones desesperadas.
Cuando lo conocí, su enfermedad había hecho mucha mella en su salud y le costaba respirar pues tenía los pulmones afectados.
Conversábamos mucho sobre sus proyectos, sobre las artes marciales y lo beneficiosa que pueden ser cuando son enseñadas como un camino de superación.
Entrenamos juntos, y notaba como sufría al quedarse sin aire para respirar y aún así no quería dejar de ejercitar.
Me contó sus problemas y como era combatido debido a sus objetivos de ayudar.
Pablo murió por causa de su enfermedad hace ya varios años.
Cuando me veo en situaciones difíciles o me pregunto sobre el camino que decidí tomar respecto a las artes marciales; cuando creo que no hay horizonte pues en mi entorno no hay más que la búsqueda de la rápida satisfacción y superficialidad; recuerdo a Pablo y su lucha, recuerdo su entereza no solo para afrontar su propia enfermedad sin también para enfrentar a todos aquellos que intentasen dañar a aquellos jóvenes que en su escuela, habían conseguido salir de una vida desaliñada y sin rumbo.
Uno en la vida, si sabe ver, encuentra a muchos Maestros. Pablo fue un Maestro para mí…
Dijo Confucio: Un estudiante diligente no necesita ningún maestro; aprende solo…

Estas palabras me hacen pensar en la importancia de la propia búsqueda del conocimiento sin la infortunada espera de que alguien nos entregue el saber…
A alguien esto le podrá parecer algo provocativo o quizás plantee un tono de soberbia.
Nunca renegué de los Maestros, es más, aún sueño con encontrar alguno que me indique el camino como lo han hecho otros.
Uno es estudiante toda la vida, aunque haya alcanzado las máximas virtudes y las mayores aptitudes en el arte que desempeña.
Pero la realidad nos muestra cada día, que el camino es individual como individuales somos todos.
Existen sendas que van paralelas, pero siempre en algún momento se separan.
Así es el designio del destino y así ha sido siempre. Muchas veces cometemos el error de aferrarnos a las cosas y a la gente, sin pensar en lo efímero que es todo…
Cuando la vida nos lleva por derroteros en los que la luz no abunda, debemos encender nuestra luz interior y que ella sea la que nos ilumine la senda.
Para ello debemos dejar a un lado nuestros egoísmos y plantearnos la realidad que lo único verdadero es el momento en el que estamos pues así sabremos hacia donde ir, si solo miramos hacia delante o estamos añorando el camino que dejamos atrás; nuestra luz interior no será suficiente y seguramente perderemos la senda.
Nunca tuve dudas sobre el camino a seguir
nunca dude de aquellas palabras
que me ayudaron a encontrar la senda,
hoy, al mirar atrás, observo que desde
temprana edad, había allí algo marcado
que me indicaba este sendero
que hoy recorro confiado y sereno.
Aunque haya sido penoso mi andar
lleno de escollos mi sendero,
aunque haya tenido que lidiar
con mil y un desconsuelos,
aunque haya tenido que dejar
tantos y tantos anhelos,
tanto paisaje, tanta vida,
hoy no guardo duda alguna
que este era mi sino
y que acertado estaba
cuando un día miré al horizonte
sabiendo, que mi vida sería la de un caminante
un buscador eterno.
Dolores, alegrías, desencuentros y armonías
han sido permanentes durante todo el tiempo.
He encontrado y he perdido mucho,
pero todo ha servido para afirmarme
en lo que creo, despejando toda duda,
y aunque a veces, el fragor del camino
me haga decir cosas que no pienso
en el fondo esta la flama que no se apaga
y que sigue siendo
un faro de luz para mi vida.
Desde hace un tiempo decidí trabajar con el estilo Wu/Hao de Taijiquan (Taichichuan), utilicé este sistema con la gente mayor (mal llamada de la tercera edad) y encontré que la recepción fue mucho mejor que anteriormente cuando utilizaba el estilo Yang estandarizado en 88 posturas o incluso el de 24 posturas.
Seguro habrá quien piense que si no logre resultados con el sistema Yang se debió posiblemente a alguna incapacidad para trabajar con el, y quizás así sea, pero no es esto que intento expresar aquí, un juicio de valores sobre los estilos de taijiquan, sino la importancia de buscar una metodología que sirva para acercar a la gente a estas disciplinas utilizando métodos que pertenezcan al sistema chino de trabajo y no caer en el facilismo de utilizar procedimientos que no pertenezcan a la terapéutica china, como suele ocurrir hoy donde encontramos clases que se hacen llamar de “TACHI” y que en realidad no tienen que ver absolutamente nada con el, sino que son simplemente recopilaciones de técnicas de Qi gong o gimnasia terapéutica, e incluso diversificada con técnicas pertenecientes a otros sistemas totalmente diferentes como ser Yoga o Pilates actualmente tan de moda.
Pregunté a muchos profesores que utilizan estos métodos por qué lo hacían, la respuesta fue prácticamente la misma en todos: “a la gente no le importa, solo quieren sentirse bien, no quieren complicaciones”…
Si bien podría estar de acuerdo con parte de esta respuesta, insisto que no podemos caer en la indiferencia, desconocimiento e incluso prejuicio de la gente; debemos buscar los caminos necesarios para que nuestros alumnos descubran la diversidad de valores que se hallan en nuestra disciplina y como son perfectamente aplicables a la vida cotidiana de cualquier persona en cualquier parte del mundo y cualquier edad o condición social.
En el Taijquan del sistema Wu/Hao sus posturas más elevadas, los pasos menos extendidos, la suavidad en el uso de los brazos me hizo pensar que facilitaría mi trabajo, pues uno de los escollos que más he encontrado fue el de la falta de coordinación y soltura.
Así fue que me puse a trabajar con este sistema y hoy puedo decir que este estilo tanto en el de Wu Yuxiang como en el de Hao Weizhen permite un mejor desenvolvimiento para hacer llegar el taijiquan a la gente mayor y con dificultades físicas.
Debemos entender que las personas que asisten a clases, concurren en función de sus dolencias buscando en esta técnica su valor terapéutico, poco conocen del taijiquan y de que se trata, solo han escuchado que es muy bueno para recuperarse de ciertas enfermedades crónicas y por ello asisten a clases.
Es muy difícil de explicarles tanto su sentido como técnica procedente de las artes marciales, como su filosofía a personas que nunca han tenido contacto con la cultura china, por lo tanto nosotros los profesores de taijiquan y el arte marcial chino en general, si estamos verdaderamente comprometidos con la difusión real del arte, debemos valernos de todos los métodos posibles para esclarecer a la gente realmente que significa el Taijquan, y cuanto puede aportar a nuestra vida.
Por esta razón, pienso que debemos buscar en el enorme bagaje que nuestra actividad posee, pero sin convertir a las clases en un conjunto caótico de técnicas, tomando esto de este sistema o este otro de aquel y mucho menos de métodos que pertenezcan a otras actividades.
Un buen profesor, entrenado verdaderamente en el sistema del Taijiquan o las artes marciales chinas puede encontrar en el propio sistema todo lo que necesita para trabajar.
Hago un llamamiento a todos los profesores que tienen verdadera vocación por el arte marcial chino que nos encaminemos hacia la buena difusión de nuestro arte sin recurrir a otros elementos ajenos a el aunque sea común en este Occidente en el que vivimos, mezclar y confundir todo cayendo en el “¡Qué más dá!”…
Nadie podrá negar que el taijiquan, ya es una actividad que logró penetrar en nuestra sociedad en función de sus beneficios para la salud; ampliamente demostrado está que esta disciplina posee cualidades que incluso, superan a otros métodos terapéuticos.
Si consideramos esto, debemos pensar entonces que su difusión debe realizarse en todos los planos posibles y mucho más en aquellos en que la salud, por causa de los años y el desgaste de la vida, son más necesarios.
Desde hace mucho tiempo estoy trabajando con gente mayor, aquejadas de un sin fin de dificultades físicas, de mayor o menor grado, pero en general, todos necesitan de un trabajo que les permita obtener una mejor calidad de vida.
Cuando los profesores entramos a trabajar con este núcleo de gente, nos vemos ante muchas disyuntivas completamente comprensibles: las circunstancias de sus vidas; los hábitos y costumbres; la estructuración cerrada a partir de una formación que tal vez no les ha permitido conocer otros modos y otras formas de ver las cosas; la enorme carga emocional que produce no solo el paso de los años, sino también, la cantidad de experiencias vividas y las consiguientes frustraciones que suele provocar estas.
Todos ellos llevan en sí, y mucho más cuando provienen de otros modos culturales muy diferentes a los actuales, una enorme carga que no han sabido liberar y que como un lastre arrastran a lo largo de los años.
Sabemos que, según la Medicina Tradicional China, las emociones juegan un papel fundamental en lo que refiere a la salud, siendo factor primordial a la hora de evaluar cuando observamos problemas físicos.
En las clases con gente mayor, esto se hace muy patente. Pasado cierto tiempo y cuando se han roto las barreras de la desconfianza que existe en ellos, suelen tomarnos como algo especial, un aire fresco, y en ocasiones incluso, como una tabla de salvación.
Así es como nuestras clases al final, derivan en otra cosa, o por lo menos muy diferente de la dirección que en general se toma cuando el público viene a trabajar porque le gusta la actividad o incluso es porque lo evalúan como un buen “pasatiempo”.
Volviendo a la gente mayor, allí toda nuestra estructura de clases cambia, hay que amoldarse y quitar esto o lo otro porque sabemos que no es posible el involucrar a estas personas en ello pues su condición no lo permitirá nunca.
Entonces ocurre que muchos profesores, terminan cambiando su actividad y dejan de trabajar con el taijiquan para simplemente, desarrollar una clase de gimnasia muy elemental.
Se crea una situación que para aquellos que no sienten esto como una vocación, suele terminar abandonando a los grupos o simplemente sintiendo que no podrá con semejante trabajo.
Es cierto que el taijiquan es una disciplina compleja y que requiere de un enorme esfuerzo no solo el enseñarla sino también el entrenar sus técnicas. Esto es mucho más complejo cuando el que recibe la enseñanza carece de muchas posibilidades físicas y mentales.
Así se despierta la tentación por cambiar y dejar a un lado el taijquan para volcarse hacia otras técnicas, me permito decir que esto es un GRAVE ERROR…
Aquel que se considera en primer lugar un verdadero practicante de taijiquan, y por otro lado posee la vocación por la enseñanza, debe buscar todos los modos posibles de hacer llegar a esta gente la actividad; el taijiquan en sí ya es muy dúctil y posee las cualidades de flexibilidad suficientes como para permitir trabajar con el.
Se debe buscar la metodología que permita acceder a la gente mayor a su entrenamiento, ellos tienen el derecho a disfrutar de los beneficios.
Debemos dejar de lado las perspectivas normales de actuación, sin esperar grandes logros; pero sí debemos conseguir que siquiera una pequeña porción de esta disciplina sea conseguida; con ello habremos abierto la puerta a toda esta gente a un mundo en el que quizás no comprendan en su totalidad el enorme abanico de caminos que el taijiquan ofrece; pero habremos
conseguido en principio, hacer del taijiquan lo que su naturaleza es, la búsqueda del equilibrio; y por otro lado iniciar un movimiento que permitirá a nuestros mayores ir lentamente recibiendo un caudal de energía y felicidad que seguramente no hallarán con una simple clase de gimnasia por buena que esta sea.
Convoco desde aquí a todos aquellos que tienen en sí la fortuna de haber conocido esta disciplina y estar sumergido en ella, que no pierda el ánimo y la voluntad cuando trabaje con gente mayor; ellos pueden perfectamente entender de que se trata si se les es explicado el trabajo, se necesitará más esfuerzo, pero pueden, por lo tanto valdrá la pena el esfuerzo y aseguro que la satisfacción que produce es mucho mayor y gratificante para nuestro corazón. ¿Seremos capaces de no apreciar esto?…
Estaba escribiendo sobre las circunstancias actuales que están llevando a las artes marciales a convertirse en un producto comercial vacío de su sentido original.
Esbocé sobre las situaciones que van ocurriendo año tras año haciendo que las artes marciales se vayan diluyendo.
Cómo esta situación produce su efecto haciendo crecer otros aspectos que intentan suplir esta falta real de capacidad marcial y me refiero a pomposos títulos, linajes de papel comprados a buen precio, fama, éxito, etc.
Luego, al releer las palabras escritas, me pregunté si en realidad lo que ocurre es que no soy capaz de ver la verdad de lo que pasa y me refiero a que aquellas artes marciales que he conocido y que se desarrollaban a partir de un duro trabajo de entrenamiento forjado a través de años y años de dedicación, ya no existen.
Quizás me esté comportando como aquellos que añoran “los tiempos donde las cosas eran de otro modo”, o sea que me simplemente me esté volviendo viejo.
Solo basta con ver alrededor lo que ocurre y mucho más hoy, donde poseemos a nuestro alcance estos medios actuales de comunicación que han hecho del mundo algo tan pequeño.
Me digo si en realidad no soy algo así como un “dinosaurio” condenado a la extinción.
Habrá quien diga que no es así y que hay mucha gente que realmente ama las artes marciales y que se dedica regularmente a entrenarlas; que va a escuelas “serias” dirigidas por reconocidos “Maestros” discípulos de tal o cual otro “Maestro” que figura en los libros de historia; etc, etc…, no pongo en duda nada de ello; pero viendo el acontecer de hechos, no puedo más que tener dudas sobre la segura declive de las artes marciales reales devenidas a meros “deportes de contacto o simples manifestaciones artísticas”…
Lamento guardar este pesimismo pues no veo ningún movimiento intentando preservar cual un “tesoro en extinción”, estas disciplinas formadoras de individuos que además de adquirir una capacidad para el domino de la lucha, también genera personas con una convicción moral y ética de la vida capaz de servir de ejemplo a las sociedades.
Tal vez me haya convertido en un idealista, un romántico, un Quijote ante molinos de viento; no lo sé.
Quizás haya voces que me permitan creer que estoy equivocado y que existe aún aquella voluntad por aprender, esa capacidad de sacrificio y esa virtud solo forjada a partir de la experiencia que da la autodisciplina y la entrega.
Tal vez este blog me permita llegar a esas voces, realmente lo deseo con fervor…
Leo en el Yi Jing:
…Así el hombre permanece siempre en actitud de veneración ante la aparición del poder supremo, pone orden en su vida y escruta su corazón indagando si acaso, secretamente, hay algo en él que esté en contradicción con la voluntad del poder supremo. De tal modo, el temor respetuoso es el fundamento de la verdadera cultura de la vida…
Observo aquí algo que permanentemente se plantea y que ignoramos; la vida se cultiva a partir de la compresión de lo finito que somos, pero a su vez, como dice el pasaje…si se escruta su corazón… y se observa en él lo que está perturbando se podrá virar el rumbo y tomar aquel que nos permita aprovechar esta vida para alcanzar el natural equilibrio.
Dice en otro pasaje de este mismo capítulo: …el hecho de que el movimiento interior tenga éxito depende en parte también de las circunstancias. Si éstas son tales que ni siquiera se advierte una resistencia que pueda combatirse enérgicamente, ni ceden las condiciones dadas como para poder lograr alguna victoria y todo sigue siendo espeso e inerte como una ciénaga, el movimiento se paraliza…
La paralización, producto de la duda, del mirar para otro lado cuando el camino esta allí delante, nos hace ciegos, por lo tanto el impulso a evolucionar se detiene y caemos en el tedio y la desazón, creyendo que todo es como es y nada puede cambiar.
Continúa: …aquí no se trata meramente de una sacudida única, sino de una conmoción reiterada que no da tiempo para tomar aliento…
En estos tiempos que nos toca vivir, la confusión viene de la mano de intereses ajenos a los nuestros; estamos bombardeados permanentemente por todo tipo de estímulos a los que confundimos creyendo que son el producto natural de la modernidad y que todo debe ser así si queremos ir hacia el futuro.
Pero, no nos ponemos a reflexionar que simplemente se trata de una interesada idea para mantenernos lejos del escrutinio de nuestro corazón como dice el pasaje de más arriba.
Si estamos confusos somos fáciles de conducir, y así, servimos a intereses que no son los nuestros.
El pasaje sigue así:…No obstante, la conmoción no acarrea pérdida, puesto que uno tiene buen cuidado de mantenerse en el centro del movimiento y verse así libre de la fatalidad de ser arrojado de un lado para otro, indefenso.
Esta conclusión del pasaje, plantea precisamente lo reflexionado,…mantenerse en el centro…
… La conmoción interior, cuando ha alcanzado su punto más alto lo priva a uno de su serenidad y claridad de visión. En medio de semejante sacudida desde luego no es posible actuar con reflexión. Lo indicado es entonces mantenerse quieto hasta la recuperación de la necesaria tranquilidad y claridad.
Pero solo es posible actuar así mientras no se sufre el contagio de la agitación, cuando ya en el ambiente pueden observarse los efectos funestos de semejante excitación. Ahora bien, su uno se retira a tiempo de la acción, permanecerá libre de errores y perjuicios. Pero en este caso los compañeros que en medio de su excitación ya no aceptan advertencias, sin duda se mostrarán disconformes con uno, Sin embargo, esto no debe tomarse en consideración…
Aquí encuentro muchos puntos interesantes a observar:
… La conmoción interior, cuando ha alcanzado su punto más alto lo priva a uno de su serenidad y claridad de visión…; ¿Cuántas veces nos hemos encontrado paralizados ante las circunstancias que incluso sabemos fáciles de solucionar y sin embargo, parece que nuestra cabeza está ofuscada y no sabemos qué hacer?…
Como bien dice el pasaje… no es posible actuar con reflexión… y por lo tanto somos fáciles de sugestionar y ser llevados hacia donde no queremos, incluso a veces tan confundidos que terminamos creyendo que lo hacen por nuestro bien cuando no lo es.
Aquí hay un peligro enorme y en el cual caemos cuando nuestro corazón no es observado y escuchado; en nuestro entorno existe siempre una puja por el control, como una masa informe nos arrastran de aquí para allá hacia direcciones no deseadas.
Es momento entonces de detenernos, de reflexionar que estamos haciendo con nuestras vidas, si es el camino elegido por nosotros o por los otros…
Pero como dice el proverbio: el miedo es contagioso y agita a las bestias… así, como rebaños somos conducidos por intereses ajenos, pues nos inducen a creer que si no hacemos esto o lo otro estaremos fuera jugando así con nuestra necesidad primaria de socialización.
Así es como nuestro entorno más cercano vendrá con sus consejos a decirnos que es lo que nos conviene más; entonces yo me pregunto “conviene más” ¿para qué, o para quienes?…
Creo que este pasaje nos remite a una situación muy actual, esta sociedad que se proclama evolucionada pues cree que la utilización de la tecnología es “un acto de libre albedrío” nos aleja de aquello que realmente somos y que es natural en nosotros, la comprensión de nuestro ser y de nuestro entorno a partir de la reflexión personal sin prejuicios impuestos desde fuera…
¿Acaso?, ¿Cuántas veces nos vimos sujetos a mantener una situación de reyerta (producto de envidias o conflictos que mantienen otros) con alguien o con algo, siendo que mucha de las veces, ni siquiera hemos tomado contacto con ello para ver por nosotros mismos de qué se trata?
El sábado 24 próximo pasado, en el Gimnasio Master Gym de Vilagarcía de Arousa, se realizó el 3º encuentro entre nuestra escuela y la escuela Sandá del Profesor Secundino Fandiño Parcero con quien nuestro director Hugo Trigo lleva realizando estos encuentros regularmente con el fin de trabajar en pos de la difusión de la cultura china a través de sus artes marciales y sus técnicas psicofísicas como ha sido en esta ocasión donde el Profesor Fandiño Parcero hizo una disertación con práctica de las “18 Manos de Luohan Qigong”.
La asistencia fue concurrida, y el trabajo se realizó a lo largo de tres horas de intensa actividad.
El Profesor Secundino es un destacado miembro de la comunidad marcial del Wushu en Galicia y su experiencia se ratifica a través de los muchos años de dedicación a esta actividad.
Al finalizar el Seminario se entregó los certificados de asistencia correspondientes y se organizó un pequeño tentempié donde los miembros de ambas escuelas confraternizaron.
Debido al éxito que están teniendo estos encuentros nuestro Director Hugo Trigo y el Profesor Secundino ya se encuentran proyectando un cuarto encuentro entre escuelas con la intención además, de abrir estas reuniones de trabajo a gente de fuera que se halle interesada en participar.
Como ha sido desde el comienzo de estos encuentros, se han ido intercalando las actividades siendo una vez nuestro director Hugo Trigo quien desarrolla un tema, como en la siguiente oportunidad lo hace el Profesor Secundino Fandiño Parcero; así el conocimiento que ambos tienen en esta materia es divulgado y trabajado en función del desarrollo y difusión de la cultura china, sus técnicas para la salud y las artes marciales en las comarcas del Salnés y el Barbanza.






